Comunicarnos
es crecer
Estamos en la era de las comunicaciones. Estamos conectados
al mundo todo el día, por la televisión,
por internet, por los mails, por icq. Y, sin embargo,
la comunicación de lo interior, de lo profundo
de mí, de mis miedos y alegrías, de
mis dudas y certezas, de mi relación con Dios,
etc., muchas veces quedan encerrados en mi interior,
o a lo sumo charlado con alguien, pero no en su totalidad.
Nos cuesta mucho la comunicación desde el corazón.
Guardamos enormes tesoros, y al no compartirlos, no
nos damos cuenta lo grande y ricos que son; así
como, por no compartir dudas, temores, inseguridades,
miedos, etc., se van volviendo enormes en nuestro
interior, y hasta pueden llegar a asfixiarnos.
El lugar, privilegiado, que Dios nos ha regalado para
aprender y crecer en la comunicación, es un
ámbito de amor, es la familia. No siempre resulta
sencillo este aprendizaje. Es necesario que comience
entre marido y mujer, desde el principio, o antes,
desde el noviazgo. Frente a la dificultad de salir
de uno mismo, de presentarse como uno es y se ve interiormente,
de quedar expuesto y pensar que puede quedar en ridículo,
de demostrar debilidad y perder la estima del ser
amado, se van poniendo excusas y postergando la charla,
el diálogo, el compartir hasta que resulta
difícil hablar de muchas cosas que fueron quedando
dentro, y esto puede llevar a que el amor mutuo vaya
perdiendo frescura, espontaneidad, y crecimiento.
Con los hijos la comunicación debe empezar
cuando nacen. Se puede pensar que al no entender no
sirve para nada, pero lo que se transmite, y sin duda
el bebé capta es el cariño, la ternura,
la protección, en definitiva, el amor. Con
el crecimiento comenzará el dialogo, que, como
tal, tiene que ser de ambos lados. Si no se lo escucha,
por considerarlo muy chico, o que sus comentarios
carecen de importancia, se ira cerrando, perderá
confianza, autoestima y seguridad. Será difícil,
también, que pueda crecer en la confianza a
Dios y con Dios. Aunque frente a estos errores, es
posible, que el chico o el joven encuentre un referente
con el cual dialogar, perdiendo el mejor, que es la
familia.
Es bueno, y fuente de felicidad, hacer todos los esfuerzos
posibles para aprender a comunicarnos de verdad. Es
importante aprender a distinguir en el diálogo
la expresión de ideas o de sentimientos ya
que son aspectos distintos de nuestro ser, de nuestra
personalidad, y ambos hacen a la comunicación.
También hay que aprender a conocer o reconocer
lo que se quiere decir cuando, aparentemente, se está
diciendo otra cosa.
La familia es el lugar de aprendizaje, de práctica
y de corrección por ser el lugar donde están
los sentimientos primeros, los recuerdos y vivencias
comunes de todos los integrantes.
Pidamos al Espíritu Santo nos ilumine en esta
tarea primaria y primordial de nuestra vida, para
poder servir mejor a nuestros hermanos, y poder transmitir,
así, el amor de Dios en toda su riqueza.
¡Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, discípula y
maestra de su Hijo, nos ayude a comunicarnos entre
nosotros y con nuestro Padre!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo