Demasiadas
preguntas
¿Qué
sentido tiene la vida?, ¿qué sentido
le das vos?, ¿qué sentido te presenta
el mundo en general?, ¿para qué vivir?,
¿qué es ser feliz?, ¿alguien
lo es?
¿Escucharon estas preguntas alguna vez?, ¿se
las hicieron ustedes mismos? No, ¡no puede ser!
Todo hombre pensante en toda la historia de la humanidad,
y aún hoy, se cuestiona sobre esto, y muchas
veces, según las etapas de la vida que va transitando.
A veces llega a conclusiones aceptables para sí,
otras se queda enredado en la respuesta o en la nebulosa.
Todos tenemos ansias de felicidad, y por eso las respuestas
son importantes en este camino, aunque podemos pasar
por miedos y angustias, frente a algunas alternativas.
Pero….Hay alguien que vino y que viene a ayudarnos,
a iluminar el camino para que muchas sombras que se
pueden presentar como monstruos aterradores se conviertan
en espléndidos árboles, dignos de ser
admirados y no temidos, cuando les da la luz adecuada.
Si. Ese que vino y viene es Jesús, Dios hecho
hombre habitando entre nosotros, conviviendo con nosotros,
es más, entrando en profunda intimidad y comunión
con cada uno, para rebelarnos lo que somos y a lo
que estamos llamados a ser.
Comenzamos el tiempo de Adviento, preparación
para la Navidad, tiempo corto, 27 días nomás
(entre exámenes, cierres de actividades, preparación
de fiestas, de vacaciones, etc), y nos trae la respuesta
del Padre para nuestra vida, para nuestras expectativas,
para nuestros miedos, angustias, y esperanzas, nos
trae el sentido de tantas aspiraciones, y también
nos muestra el sin sentido de muchas corridas y búsquedas.
Jesús quiere volver a nacer en la Iglesia,
en el país, en el corazón de cada uno
de nosotros para volver a darnos el mensaje de esperanza
para nuestra vida, el único mensaje que no
defrauda y que nos permite encontrar el sentido hasta
el dolor, la muerte, el desprecio, el fracaso ante
el mundo.
Jesús no va a venir con ruido, con adornos
dorados, con campanas,…ni con regalos, ya que
el regalo es Él mismo y somos nosotros también
regalos para nosotros y para los demás.
Jesús vuelve para decirnos que nuestra vida
es muy valiosa para nosotros, porque lo es también
para el Padre del Cielo.
Él nace en una familia llena de amor, que vuelca
amor a todos, para recordarnos que crecemos con el
amor de nuestra familia, y que con ese amor tenemos
para dar a los demás, para no cerrarnos en
nosotros mismos, para buscar el bien de los demás,
para aprender a perdonar al que nos lastima, para
ayudar a los demás a buscar su propio bien,
y aún a socorrerlos más si no lo encuentran.
Jesús vuelve a decirnos que todos tenemos un
sentido de vida, que tenemos que descubrir (con su
ayuda, también, para que sea más fácil,
muchas veces), que todos hemos recibido “talentos”
y dones para cumplir y llevar adelante nuestra misión,
y que los podemos hacer crecer, con su ayuda.
Jesús nos quiere decir desde el pesebre,…
y después desde la Cruz, que el Padre nos ama
de verdad, que busca nuestro bien, que no busca el
castigo frente a las debilidades, sino todo lo contrario,
nos quiere levantar, animar, sanar, alegrar.
Jesús nos vuelve a recordar que si asumimos
los compromisos y responsabilidades de la vida vamos
a encontrar felicidad, pero, que si intentamos sacarnos
de encima todas las responsabilidades, si no somos
capaces de reconocer nuestras culpas, si no sabemos
pedir perdón, si no queremos esperar un instante
frente al dolor, la injusticia, el malentendido, la
debilidad o error del otro, no solo no vamos a encontrar
felicidad sino que haremos infelices a mucha gente
que nos quiere y que también podemos querer,
pero que el egoísmo y la necedad nos impiden
actuar correctamente.
Preparemos, entonces, nuestro corazón para
esta Navidad. Propongámonos pensar, rezar,
diez minutos, cinco, cada día para aliviar
nuestro corazón de lo que nos inquieta y entregárselo
a Él, y así llegar a una Navidad en
paz, brindando paz interior a los nuestros, recibiéndola
de ellos y desparramándola a nuestro paso.
Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos anime y aliente a vivir este
Adviento como una verdadera preparación de
toda la familia para vivir una Navidad nueva con el
deseo de dejarnos tomar de la mano por Jesús,
para caminar con Él.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo