Preparando
el pesebre
Estamos por
preparar y armar el pesebre, y así empezar
a disponernos para la Navidad.
Puede ser un pesebre de solo tres figuras, María,
José y más adelante el niño Jesús,
o uno con muchas figuras, animales, adornos, montañas,
lago, cascada, luces y demás; puede ser que
lo arme uno solo de la familia o que varios o todos
intervengan, inclusive se puede hacer en un momento
o demandar varios días, retoques, cambios.
Podemos analizar, como momento de oración en
familia y preparación para la Navidad, como
hemos armado el pesebre….si juntos o solo, si
con muchas o pocas figuras, si con esmero y dedicación
o “así nomás”, si le dedicamos
mucho o poco tiempo, si hubo creatividad este año
o lo hicimos igual que otros años, etc. Podemos
llegar a pensar que así como nos dispusimos
para armarlo así hemos preparado el corazón
para recibir al niño Jesús.
Cuantas preguntas, reflexiones y propósitos
tenemos que hacernos antes de celebrar la Navidad
para que de verdad nos transforme los pensamientos,
deseos, proyectos……
¡Qué necesitados estamos de la vida nueva
espiritual que Jesús nos quiere regalar en
este Nacimiento, como personas, como comunidad, como
país, como humanidad!
¿Donde están, en nuestra vida, los valores
que nos transmite el Evangelio?.¿Queremos vivirlos
más plenamente a partir de la Navidad, o ni
nos cuestionamos esto?.
¿Estamos dispuestos a dejarnos conducir por
el Señor o por nosotros mismos, o por los demás,
o por la moda, o lo que me de más ventajas,
o lo que parezca más fácil, o lo que
me prometa menos problemas y esfuerzos?
El Padre nos invita a recibir nuevamente a su Hijo,
mejor que hace dos mil años, mejor que el año
pasado, para escuchar, con un corazón más
dispuesto, más atento, más entregado
y dócil, su invitación a una vida más
plena, más feliz, más humana.
Jesús en este pesebre nos vuelve a anunciar
el amor del Padre, su preocupación e interés
por nosotros, sus hijos queridos y mimados. Nos vuelve
a recordar que a pesar de nuestros olvidos y contramarchas
el amor de Dios es incondicional, es decir, no está
sujeto a nuestra respuesta, él se entrega todo
por cada uno para que todos podamos descansar en Él,
para que Su vida nos de vida, para que Su amor nos
traiga amor, para que Su misericordia nos haga misericordiosos,
para que Su grandeza nos haga pequeños y Su
humildad nos transforme en grandes.
Dios podría decirnos a gritos que nos ama,
y sin embargo , nos lo dice desde el susurro del pesebre,
desde el llanto del niño Jesús que se
muestra necesitado de nosotros para darnos todo lo
que nosotros necesitamos.
¡Qué la Virgen María, en su advocación
de Nuestra Señora de Fátima, nos ayude
a preparar un buen pesebre interior para poder recibir
la Vida que nos trae su Hijo!.
¡Qué tengamos una muy feliz Navidad y
un muy feliz Año Nuevo!
Un gran abrazo a cada una de las familias de nuestra
comunidad y mis oraciones.
Padre Guillermo.