Se acerca la Vida
Es muy posible
que nos encontremos, en esta época del año,
con un cierto cansancio por todo lo hecho, pero también,
por todo lo escuchado y visto, por las promesas de
cambio no realizado, por las ilusiones no concretadas,
por los propósitos no cumplidos...y se puede
tener la fantasía de pensar que si termina
el año y comienza otro pueden cambiar las cosas.
Pero la realidad no cambia sola por el arte de la
magia de cambiar el almanaque o dar vuelta una hoja.
La realidad va cambiando con y por el esfuerzo de
cada uno y de todos al construirla cada día,
al transformarla con lo poco o mucho que yo pueda
aportar, es tarea de todos los que componemos nuestro
país y el mundo.
Sin embargo, en medio de la realidad que vivimos,
con sus aspectos negativos y los positivos, se vuelve
a encender una luz de esperanza y, aunque pueda parecer
pequeña, se irá agrandando y creciendo
si la buscamos y la dejamos estar entre nosotros.
Si, es la luz de la Esperanza que nos anuncia el Adviento,
es la luz que nos irá guiando a encontrarnos
con el “Señor que viene a acampar entre
nosotros”, es la luz que nos guiará hasta
el pesebre para contemplar, como los Reyes Magos,
que un niño ha nacido para cambiar el mundo
de los hombres, para cambiar nuestras mentes y corazones,
para hacernos ver que en el camino de la vida no estamos
solos si aceptamos la presencia de Jesús y
su invitación a seguirlo.
La Navidad puede vivirse como un “lindo día”,
con familia, amigos, con una sensación de cierta
paz e ilusiones, pero como un día entreparéntesis
de la realidad cotidiana, donde todos estamos un poco
más buenos para volver el 26 a lo mismo de
siempre.
No!. La Navidad viene a decirnos desde lo pequeño
del Niño Jesús y con susurros, que hay
un Dios Padre que nos ama, que se nos da por entero
en su Hijo para que nuestra vida cambie de verdad
y no en ilusiones, para que digamos al mundo, con
nuestras actitudes, palabras y compromisos, que la
Fe transforma los corazones, si somos capaces de dejarnos
amar por Aquel que nos ama de verdad.
Vayamos preparándonos, en estos pocos días
del Adviento, para vivir una Navidad con Jesús,
no con una imagen de yeso, sino con el que tiene la
vida y viene a compartirla con cada uno de nosotros.
¡Que la Virgen María, en la advocación
de Nuestra Señora de Fátima, nos anime
a preparar el pesebre del corazón para recibir
a su hijo dador de Vida!.
¡Que el Señor recompense a todos y cada
uno de los que durante este año participaron,
trabajaron y se esforzaron por llevar adelante la
vida de nuestra Comunidad Parroquial y de hacerla
presente en nuestro barrio!.
¡¡¡Muy Feliz Navidad y Año
Nuevo a cada uno, y a cada familia de nuestra Parroquia!!!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo