HAY POCA
ESPERANZA
Comenzamos un
nuevo año litúrgico. Nuevamente estaremos
celebrando, con toda la Iglesia, los distintos momentos
de la vida de Jesús y sus Misterios(es decir,
lo que se nos revela desde Dios pero que por nuestra
limitación humana no podemos abarcar ni comprender),
de la vida de la Virgen María y de los Santos.
Todo esto nos coloca frente a la inmensidad de Dios
y la fidelidad del hombre, frente a Su bondad y misericordia
y nuestra mezquindad e incoherencia.
El Señor, "el siempre fiel", encarnado
en María, nacerá entre nosotros para
demostrarnos su amor y enseñarnos el sentido
que tiene nuestra vida y la de cada hombre, para perdonarnos
por nuestros pecados y mostrarnos como tenemos que
actuar con los demás, para hacer brillar su
rostro sobre nosotros y colmarnos con su Gracia, con
su Vida.
Nuestro Obispo nos ha enviado dos cartas para ayudarnos
a reflexionar sobre la realidad, su sentido, sus errores
y aciertos, y la necesidad de asumir el compromiso
de impregnar la cultura con los valores del Evangelio.
Los Obispos de Argentina también nos exhortan
a crecer en la Esperanza y confianza en el Señor(se
publica también en este Boletín). Juan
Pablo II, como decíamos en el número
anterior, nos llama a "navegar mar adentro"
para que nuestra Fe sea firme y profunda y nos ayude
a responder con creatividad a este tiempo.
Tenemos muchos recursos para lograr que cada uno,
todos y el país valga la pena vivir, y poder
desarrollar el ideal de la Santidad, al que estamos
llamados y para el que fuimos creados.
El Señor viene al corazón de cada uno
para poder nacer nuevamente en esta Navidad y darnos
una nueva vida. Así como en cada Eucaristía
celebramos su muerte y resurrección y tratamos
de hacerla propia y de nutrirnos de Él mismo,
así también en cada Navidad tratamos
de nacer a una vida nueva con Su Vida. No es una esperanza
ilusoria. Es una realidad prometida y realizada por
Él.
En tiempos tan desconcertantes, devastadores y de
incredulidad de palabras, de compromisos, de promesas...vuelve
a brillar la luz de Belén para indicarnos el
camino. Se esconde a veces, pero vuelve a aparecer
para seguir guiándonos.
En el tiempo que nació Jesús la situación
no era fácil. La Virgen María y San
José no tuvieron todo el camino allanado y
lo transitaron. Tenían la esperanza y certeza
de saberse amados por Dios, y esa fuerza les permitió
hacer frente a las dificultades para alcanzar la plenitud.
Una vez más permitamos al Señor que
nos ilumine y nos cobije, y así en su ternura
podamos tener más claridad de nuestros errores
para mejorar, de los ajenos para perdonar, y así
todos juntos podamos reconstruir y formar la sociedad,
el país y el mundo en el que queremos vivir
y al que el Señor viene para acompañar
y vivirlo desde y con nosotros.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos anime a preparar el corazón
durante este Adviento y poder llegar a la Navidad
con la Esperanza cierta de ser sus hijos queridos
con una nueva vida por delante!
Un abrazo y mis oraciones.
¡¡¡Qué todos podamos tener
y vivir una Muy Feliz Navidad!!!
Padre Guillermo.