Su
acción continúa
En Navidad hablamos
del Emanuel, "Dios con nosotros", y nos
alegramos de la presencia humana de Dios , a través
de la Encarnación de su Hijo, entre nosotros,
compartiendo nuestra condición y nuestra historia.
En Pascua, tras pasar por la Cruz y Muerte de Jesús,
recibimos la alegría inmensa de saber que nuestro
pecados tienen remedio, "que son perdonados"
por el amor misericordioso de Dios. Durante todo el
tiempo Pascual fuimos recorriendo con los Apóstoles
el cambio que ellos experimentaron por la presencia
del Señor Resucitado. La vida Eterna es cierta,
es verdadera, es para todos. Jesús la inaugura,
pero estamos todos invitados a vivirla.
Ahora hemos celebrado Pentecostés, una nueva
presencia de Dios entre nosotros. El Espíritu
Santo, el Amor de Dios, vino a quedarse entre nosotros,
dentro nuestro, dentro de la Iglesia, para impulsarnos,
animarnos, darnos una visión y una vida nueva.
Lo que nosotros no podemos ver o hacer, por nuestras
debilidades, cobardías, egoísmos, etc.,
el Espíritu Santo nos ayuda a realizarlo, a
cambiarlo. Tenemos la fuerza del Amor de Dios dentro
de nosotros, y si lo dejamos actuar podremos realizar
obras aún mayores que las que hicieron los
Apóstoles en la primitiva Iglesia.
El hombre, cada uno de nosotros, ha sido creado para
nutrirse y tener vida en el Amor de Dios y estamos
llamados en este mundo a tareas importantes. Nadie
existe para nada. Todos hemos recibido la misión
de transformar el mundo porque somos hijos del Padre
celestial.
El mundo, la época, que estamos viviendo está
convulsionada, aturdida, sin rumbo. Nuestro país
está en una gran crisis y nosotros somos arrastrados
por ella. Sin embargo, y por todo esto, es que como
cristianos, seguidores de Jesús que confiamos
en El y tenemos un sentido de la vida que no se acaba
con lo que vemos aquí, estamos comprometidos
para hacer presente la acción del Espíritu
en nuestra vida y en el mundo. Tenemos que buscar
y pedir la Sabiduría que el Señor nos
regala. No podemos permanecer indiferentes, ni encerrados,
ni lamentándonos por la situación. Estamos
llamados y tenemos la fuerza para vivir y transmitir
esperanza, para mirar a nuestro alrededor y cambiar
lo que podemos, con esfuerzo y paciencia, para jugarnos
por vivir y hacer creíbles los valores que
el Evangelio nos presenta como el único camino
cierto y verdadero para alcanzar la felicidad, la
paz, la seguridad, aún en medio de las incertidumbres
que sufrimos. No podemos vivir en Cristo si no crecemos
en la preocupación y ocupación por el
bien común, por el bien de todos los hombres.
No podemos pretender una salvación y seguridad
propia si no está ante nuestra mirada el otro
como hermano, el país como familia que tenemos
que cuidar y proteger.
El Espíritu nos tiene que hacer fructificar
en sus frutos que son la caridad, gozo espiritual,
paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad,
mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad.
¿Parece tarea imposible?. Para nosotros solos
Si, pero son los frutos de la acción del Espíritu,
no es algo propio, es la docilidad a Dios..
Con la oración, la Eucaristía y la Reconciliación
tenemos los medios para abrir el corazón al
Señor y poder vivir como El nos invita a hacerlos.
Para ser felices acá y preparar la felicidad
Eterna y plena.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos enseñe a buscar la docilidad
a la acción del Espíritu Santo, como
ella supo y pudo hacer!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo
Frase para abajo
del Aviso de Kansas:
"La grandeza del hombre se mide por la capacidad
de ser humilde y agradecido ante Dios y solidario
y generoso con sus hermanos"