Alimento
de vida
De entre todos
los bienes y regalos que Dios nos hace, hay uno que
no se compara con otros en grandeza, importancia y
cercanía con el Señor. Es la Eucaristía.
Todos los días, en todas partes del mundo Cristo
se hace presente en su Iglesia, y en cada cristiano,
a través de este alimento imposible de imaginar
por el hombre, y solo aceptado porque el mismo Jesús
lo reveló en la Ultima Cena, y la Iglesia creyó
en él desde el principio de su vida.
El Papa Juan Pablo nos acaba de recordar, a través
de una nueva Encíclica, la importancia fundamental
para la vida cristiana de creer en la Eucaristía,
de crecer en la seguridad que Cristo se hace presente
y permanece en cada Eucaristía, de buscar por
todos los medios el recibirla, a menudo en cada domingo
y de no dejar pasar oportunidades para hacerlo.
La Iglesia se nutre de la Eucaristía, y su
acción más importante es dirigirnos
a Ella. Se la ve como alimento esencial y como fuente
y cúlmen de toda la vida de la Iglesia y de
cada cristiano.
La Eucaristía como alimento, sencillo y humilde,
llega a nosotros no como premio por nuestras buenas
acciones, sino como lo que es alimento cotidiano ofrecido
por Jesús para fortalecernos, aliviarnos de
nuestras cargas, mostrarnos el amor del Padre, unirnos
entre nosotros como hermanos.
La Eucaristía va armando y haciendo crecer
la Comunión en la Iglesia, es decir, nos permite
pensar, sentir y vivir como Cristo, gracias a esa
“común unión” con El y a
pesar de nuestras flaquezas, debilidades y pecados.
Antes de la Ultima Cena Jesús les había
anunciado a los Apóstoles y discípulos
que debían comer su cuerpo y beber su sangre,
sin embargo sabemos que no lo entendieron demasiado,
después de su Resurrección y Pentecostés
la Iglesia naciente “se reúne para partir
el pan “, y ya desde el comienzo es característica
de nuestra Fe la celebración.
No siempre podremos recibirla con emoción y
clara conciencia de lo que estamos recibiendo, pasa
mas bien lo contrario, son pocas las veces en que
recibimos la Eucaristía con una gran emoción
o sentimiento de unión con Cristo, ya que eso
es otro “regalo” de Jesús. Para
recibirlo “necesitamos creer que Su promesa
de recibirlo a El es cierta y verdadera” aunque
no “sienta nada”. El irá actuando
en nosotros si lo dejamos.
Estamos por celebrar, el 13 de mayo, la primera aparición
de la Virgen en Fátima. Ella nos exhorta a
rezar para alcanzar nuestra conversión y la
del mundo, y que mejor que rezar junto a y en Jesús
Eucaristía.
¡Que la Virgen María , Nuestra Señora
de Fátima, nos ayude a amar más la Eucaristía
como fuente de vida y unión con Su Hijo!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.