¿Estamos celebrando?
Comenzamos la
Semana Santa. Tiempo especial de Gracia y Reflexión.
¿Hemos aprovechado la Cuaresma para prepararnos
para el Gran Día de la Pascua?. ¿No?
¿más o menos?, ¿creo que si?.
El Señor sale, como siempre, a nuestro encuentro
para ayudarnos a que lo encontremos, nunca se esconde,
siempre va delante para mostrarnos el camino y detrás
para sostenernos o levantarnos.
Durante los días de Semana Santa viviremos
los distintos momentos y gestos esenciales de la vida
de Jesús y de nuestra Salvación. Serán
un regalo que la Iglesia, a través de la Liturgia,
nos ofrece para que podamos abrirle más el
corazón a Cristo, y por su amor, podamos convertirnos.
Cada Celebración de esta Semana nos trae algo
especial, tratemos de no vivirlas como una repetición
más sino con un espíritu dispuesto a
encontrar “la novedad del mensaje del amor de
Jesús hoy”. ¿qué me quiere
mostrar, decir, enseñar hoy?, ¿cómo
lo puedo dejar acercarse más a mi?,¿cómo
puedo hacer para que los buenos propósitos
que me surjan se concreten y perduren?, ¿cómo
puedo confesarme mejor y ser consiente de la Gracia
y paz que recibo?. Así como el Señor
lavó los pies a los Apóstoles, mostrándonos
su actitud de servicio, también lo hará
con cada uno de nosotros llevándonos de la
mano en la reflexión y en el encuentro, pero...acordémonos
que nos pide permiso, como a Pedro, que se niega al
principio y después le pide que le lave las
manos y la cabeza, El nunca dejará de lado
nuestra opción de elegirlo o rechazarlo.
Dejarse conducir por el Señor implica un cambio
de corazón y de mente, tampoco nos asustemos
de nuestra falta de capacidad o de respuesta, el nos
irá mostrando muy suavemente el camino a recorrer,
y quizás nos regala un destello sensible del
amor que nos tiene, aunque no nos echemos atrás
si no lo vemos, El tiene sus tiempos y modos, nosotros
solo tenemos que dejar que El nos conduzca, y luchar
para no tratar de imponer nosotros las formas y tiempos.
Descubrir con mayor profundidad el amor del Señor
nos “oxigena” el espíritu, los
sentimientos, los dolores, las preocupaciones, las
incertidumbres, los miedos. Nos hace crecer en alegría,
confianza, serenidad, paz interior, misericordia.
Cambia la amargura y tristeza en ternura o dulzura
y esperanza. Nos permite despojarnos de resentimientos
y cobardías. En definitiva, aunque parezca
que nada cambia nos cambia la mirada, el enfoque desde
donde miramos nuestra vida y la de los demás,
y eso nos lleva a una vida distinta, a un mayor compromiso
gozoso con nosotros mismos , con los que nos rodean,
con la sociedad, con los más necesitados, con
vivir “en la fe” con más libertad
y profundidad.
Vivamos, entonces, la Semana Santa con la certeza
de la Resurrección del Señor y la nuestra,
también, en medio de las dificultades y debilidades.
¡¡¡¡¡¡¡EL
SEÑOR HA RESUCITADO, ...CREAMOS!!!!!!!!
¡Que la Virgen María, en su advocación
de Nuestra Señora de Fátima, nos ayude
a acompañar a su Hijo en la Pasión y
en la Resurrección!
Un gran abrazo y mis oraciones para cada familia y
para cada uno.
¡¡¡¡MUY FELICES PASCUAS!!!!
Padre Guillermo