Esperanza en medio de inquietudes
Hemos recorrido
juntos estas semanas de Cuaresma que nos van preparando
para tener un corazón abierto para recibir
la enorme alegría de la Pascua, con su gran
mensaje de Esperanza, frente al Amor tierno y misericordioso
de Dios.
También hemos estado viviendo momentos de crisis
en nuestro país, que aún no han concluido,
y que pueden llevarnos al cansancio, a la desesperación,
a la frustración, al pánico, a la inseguridad,
etc. Estas crisis atentan contra la seguridad, la
paz y los proyectos que cada uno tiene, espera y se
esfuerza en conseguir, y de ahí que nos pueden
producir un simbronazo interior que se traduce en
nerviosismo, falta de comprensión y tolerancia,
abulia y falta de ganas para seguir luchando, carencia
de proyectos para el futuro, tristeza y desamparo,
especialmente para los mayores, que ven esfumarse
el esfuerzo de toda una vida.
Estos desordenes, sin duda, tienen una raíz
moral, brotan del pecado que nos invade, y al que
nosotros contribuimos, queriéndolo o no.
Por eso el volver a Celebrar la Pascua, y con ella
recorrer los momentos esenciales de la vida de Jesús,
para desmenuzarlos y comprenderlos mejor, nos tiene
que llevar a levantar la mirada, a ensanchar el corazón,
a devolvernos la Esperanza de que es posible hacer
más presente el Reino de Dios, entre nosotros,
con pequeñas actitudes diarias y con gestos
y acciones de grandeza, si uno tiene capacidad para
influenciar en su ambiente de familia, trabajo, empresa,
estudio, amistades, etc.
El pecado, es decir, el desorden interior, el no amar
a Dios por sobre todas las cosas, nos va disgregando
interiormente, y consiguientemente nos deteriora en
la relación con Dios (perdemos el sabernos
y sentirnos amados, de verdad, por El, dudamos de
su misericordia y poder), y así también
nos vamos separando de los demás hasta no sentirlos
hermanos, iguales a nosotros, con sus defectos y valores.
El resultado es la desconfianza, la duda, los celos,
las peleas por cualquier motivo, la falta de diálogo,
en definitiva la incomprensión y el encierro
en uno mismo, con la imposibilidad de crecer juntos,
de ayudarnos, de consolarnos, de luchar para un mismo
fin
El Señor pasó por todo este camino,
antes que nosotros, para que no dudemos de su comprensión
y cercanía. El está cerca, al lado,
del que sufre para ayudarnos, levantarnos y mostrarnos
el rumbo a seguir.
Los distintos días de Semana Santa, con su
particular características de días de
oración, de reflexión, de encuentro
en la intimidad con Jesús( y por eso no son
días para tomarse vacaciones) nos llevan, en
un itinerario espiritual, a acompañar al Señor
en la Ultima Cena, en su agonía, en la Cruz
y en Su muerte, para gozar con El de la Resurrección.
Preparemos el corazón y la mente para aprovechar
todo lo que la Liturgia nos ofrece y así poder
renacer con Cristo en el corazón
La Esperanza es posible, el Señor la trae.
¡Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, nos ayude a vivir
la Semana Santa junto a Jesús, para ser partícipes
de su Gloria!
Un abrazo y mis oraciones.
¡¡¡F E L I C E S P A S C U A S A
T O D O S !!!
Padre Guillermo..