Acompañarlo
para que nos acompañe
Cuando vemos
a alguien, a quien queremos, cansado, abatido, sin
fuerzas, nos brota la necesidad de acompañarlo,
ayudarlo, consolarlo, aunque no sepamos qué
hacer o cómo, intentamos algo, porque estamos
demostrando nuestro amor, no nuestra sabiduría
o experiencia, estamos y queremos estar al lado, nuestro
amor crea una corriente de vida entre los dos, de
alivio, esperanza y fortaleza. A veces podemos tener
la sensación de que no hemos hecho nada, o
muy poco, pero igual nos sentimos reconfortados por
haber estado ahí. Tiempo después nos
enteramos que nuestra compañía lo llenó
de alegría, aún en su tristeza, que
le hicimos bien, y volvemos a llenarnos de alegría
y de una corriente de amor hacia esa persona, aunque
no la podamos ver.
En los próximos días, Alguien se nos
va a presentar en la misma situación. Jesús
en la Semana Santa se nos presenta en el camino sufriendo
y necesitado, y si estamos atentos lo podremos acompañar.
Acompañarlo en este último tramo de
su vida mortal será entrar en su corazón,
en sus sentimientos. Podremos descubrir todo lo que
nos enseñó, y lo poco que hemos captado,
podremos descubrir todo lo que nos quiere dar de vida,
y lo mucho que malgastamos, podremos descubrir todo
lo que conoce de cada uno de nosotros, y cómo
nos engañamos a nosotros mismos y a los demás,
podremos descubrir la libertad que nos trae frente
al mundo, y como nos esclavizamos perdiendo la libertad.
Acompañarlo nos permitirá ver que su
amor es incondicional, que siempre está, que
no está en relación a los “méritos”
que podemos obtener, sino sólo regido por su
misericordia infinita, por su deseo de que vivamos
hacia la felicidad. También nos permitirá
ver que si lo seguimos, haciendo lo que El hizo, encontraremos
paz, armonía interior, felicidad, quietud.
Si somos capaces de no encerrarnos en nosotros mismos,
podremos encontrarnos con los otros y compartir la
vida desde la verdad y no desde la apariencia. Si
somos capaces de descubrir el perdón que nos
ofrece estaremos más libres de ofensas, resentimientos,
envidias, odios, porque podremos perdonar de verdad,
aunque nos cueste. Si somos capaces de descubrir su
mirada de ternura, de compasión, de comprensión,
podremos liberarnos de prejuicios, de críticas,
de juicios condenatorios, porque podremos ver a los
demás con otros ojos. Si somos capaces de descubrir
que El nunca nos condena sino que siempre nos tiende
su mano podremos estar menos a la defensiva con los
demás, temiendo que nos opriman, que nos dominen,
porque nadie lo podrá hacer si no lo dejamos.
Acompañar al Señor en Semana Santa es
dejarnos acompañar por El en nuestra vida,
en los sufrimientos y en las alegrías, en los
fracasos y en los logros, en la necesidad y en la
generosidad, en el servicio y en la entrega, en el
tedio y en la alabanza.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos ayude a acompañar a su
hijo para que El nos pueda acompañar!
Un abrazo y mis oraciones y
MUY FELICES PASCUAS A TODOS.
Padre Guillermo