La Pascua
nos renueva
¡Hemos
celebrado la Pascua del Señor, una vez más!
¡Todavía resuenan los Aleluyas, Glorias
y Hosannas!
Todo es júbilo en la liturgia, en la Iglesia
porque Cristo ha resucitado por nosotros y nos ha
dado una vida nueva, una vida que no se termina, es
eterna. Nos ha reconciliado con el Padre, nos ha perdonado
de nuestros pecados, nos ha curado de la peor enfermedad
y opresión. ¡Estamos salvados!
¿Experimentamos esta alegría en nuestro
corazón? ¿Celebramos de verdad esta
Pascua?
¿Nos sentimos salvados?, ¿seguimos igual
que hace una, dos, semanas?, ¿qué nos
pasa?
A veces el cúmulo de preocupaciones, angustias,
desilusiones, tristezas, proyectos, ambiciones, desenfrenos,
nos impiden ver más allá de nuestras
ideas. Si creemos que lo que pensamos es lo único
real y que todo lo demás o son pavadas o son
cosas muy exteriores, nos estamos perdiendo lo mejor
de la vida, nos estamos perdiendo lo que enriquece
nuestro interior y nos permite ser más persona,
nos estamos perdiendo lo que le da sentido, orientación
y sustento a nuestra vida.
Como dice San Pablo: “si Cristo no resucito
vana es nuestra Fe, vana nuestra Esperanza…pero
como Cristo Resucitó verdaderamente nuestra
Fe está bien fundada…”, y ahí
se apoya nuestra vida, nuestros pensamientos y proyectos.
No nos apoyamos en lo que tenemos, en lo que logramos
de éxitos, en cuanto nos consideran, en que
estudiamos o que títulos tenemos, en nuestra
salud, en nuestro físico, en nuestra elocuencia,
en nada de eso. Nos apoyamos y sostenemos en saber
que tenemos un Padre Celestial que nos creó
por amor, en su Hijo, que por amor, nos salva de nuestras
miserias y nos llama a la vida eterna, y en el Espíritu
Santo que nos anima a vivir como hijos del Padre,
nos fortalece y acompaña para poder transitar
por el camino que nos muestra Jesús. También
nos sostiene el saber que la Virgen María y
los Santos vivieron esta certeza, atravesaron dificultades
y sufrimientos, pero se supieron muy en manos del
Padre y eso les dio fuerzas.
No dejemos que la falta de valores del mundo nos atrape,
no dejemos que la falta de justicia, de moral, de
compromiso, de esperanza, de verdad nos arrastre al
pesimismo, no dejemos que los ataques a la Iglesia,
a los cristianos, a las familias, al esfuerzo, a la
solidaridad, a la honestidad nos estanquen o nos hagan
perder la visión de por donde está el
bien.
Celebramos antes de la Pascua, la Cruz del Señor,
su aparente fracaso, quedó solo…sin embargo
su sacrificio hasta el fin, su entrega por la verdad,
su compromiso asumido con todo su ser lo lleva a la
Resurrección, y ese es su fin: LA ETERNIDAD
DE GOZO, AMOR Y ALEGRIA SIN FIN.
Preparémonos con la alegría de la Pascua
a ir haciendo de esta Tierra algo más parecido
al Cielo….y no colaboremos para que se parezca
más al Infierno (envidias, odios, rencores,
luchas, soledad, etc., etc.).
¡Que la Virgen María, Madre del Resucitado,
sea nuestra guía en este caminar!
¡¡¡¡MUY FELICES PASCUAS!!!!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.