Cada
cosa tiene su tiempo
Cada cosa tiene
su tiempo, dice un libro de la Biblia (Ecltes 3,1-8
) con otras palabras.
Parecería que se nos ha metido en la cabeza
que cualquier cosa en cualquier momento nos hace más
felices.
La felicidad no consistiría en pensar algo,
prepararlo, ansiarlo, esperarlo, realizarlo, disfrutarlo
y recordarlo, sino en “se me cruzó la
idea” sin más lo realizo y termino, mañana
o más adelante se me ocurrirá otra y
así sucesivamente.
La felicidad es un camino de toda la vida, que pasa
necesariamente por la tristeza, el dolor, los contratiempos,
la alegría….y el saber contemplar el
camino. No es un cúmulo de hechos aislados,
sino que por ser acciones de una persona, están
unidos por la vida.
La felicidad es un estado, una forma de encarar la
vida y sus consecuencias. Si alguien esperara que
los demás le dieran la felicidad, esperaría
inútilmente hasta el último instante
de su vida; si por el contrario, se asume que la felicidad
es una tarea interior, que depende de cómo
miremos y encaremos los acontecimientos, de cómo
enfrentemos a los contratiempos, de cómo nos
brindemos a los demás, de que esperemos de
los otros, de los más cercanos, de cómo
se miren los errores propios y ajenos, de cómo
sentimos la mirada de los otros, de cómo se
ve y percibe cada uno,… solo entonces se puede
pensar que se está en el camino de alcanzarla.
Por un lado, la felicidad, es contagiosa, se percibe
en el otro, se aprende por el ejemplo, pero por otro
lado, es una tarea de cada uno que no se puede delegar
ni esperar que alguien la haga por mi, es propia y
personal.
Como hacer para que en cada familia se vaya viviendo
la felicidad es uno de los objetivos de nuestra Asamblea
Parroquial del 15 de octubre, a la que estamos todos
invitados a participar y aportar ideas, proyectos,
inquietudes, etc.
Sin duda que, para nosotros los cristianos, se nos
abre una puerta clave para encontrar la felicidad
si nos basamos en las enseñanzas de Jesús,
más precisamente, en las Bienaventuranzas.
Nos dice: “felices los que….porque…..”
(Mt 5,1-12; Lc 6,20-23)
Podemos detenernos un tiempo en la lectura de cada
una, utilizarlas para rezar cada día con una
frase.
En el saber gustar, paladear, recordar las palabras
del Señor encontraremos un camino seguro para
transitar, ya que no es una opinión más
de alguien que se basa en su sola experiencia o estudios,
sino la de Aquel que nos conoce tal cual somos, “desde
antes que mi palabra llegue a mi boca tu Señor
la conocías”….“desde el seno
de tu madre yo te llamé”…. “tu
me hiciste y me formaste”…todas palabras
de los Salmos que nos muestran el conocimiento de
Dios sobre nosotros.
Acudamos a su palabra sin temor y con confianza para
encontrar caminos seguros y firmes.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos fortalezca, para que encontremos
en las palabras de su hijo una guía que podamos
seguir!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.